domingo, 20 de mayo de 2012


Subió las escaleras de miel y lo único en lo que pensaba era en que quizás encontrar una puerta al final de las mismas resultaría demasiado convencional. Sabía, no sin cierta mofa personal, que se sentiría decepcionada en cuestión de pocos minutos y por ello decidió pensar en el verdadero sentido del tiempo, compuesto de minutitos saltarines, horitas risueñas y segunditos trotamundos.
Sonrió abiertamente en mitad de las escaleras azucaradas. No continuó excitando a sus piernas. Simplemente no lo hizo.
Sería genial encontrar una llave gigante al final de las escaleras; una llave que se abriese con otra llave. En fin, las puertas son para fracasados ¿no?

Y ahora minutos musicales para el perro de al lado.

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