domingo, 20 de mayo de 2012

El odio se corrió en el vientre de eso a lo que llaman amor.


Mi ser tiene más esquinas de las que debería tener, y a veces no soy capaz de reconciliar a dos emociones enfadadas. Realmente una emoción no es nada; de veras, no lo es y por ello es absurdo reconciliarlas entre sí ya que las manos de mis pies no saben acariciar nada bien por las noches y, es evidente que eso es así por la falta de ocurrencias sentimentales.
Debo estar enloqueciendo, pero eso carece de importancia para unos ojos que ven más de lo que sienten, unos ojos que son capaces de ver una emoción enfadada pero no son capaces de sentirla. Pero ¡vaya! ¡si las emociones no son nada! ¿quién está loco de veras? Estúpida pregunta ingenua...la única loca soy yo, y tal vez la que ha dicho ahí arriba que una emoción no es nada, creyendo tener la exclusiva mundial.
Venga, esto es absurdo, esa era yo, la de ahora soy yo, y la que hace preguntas estúpidas a mis dos yo, también soy yo. Por favor, necesito saberlo ¿quién está más loca de las tres?
Oh no, acabo de meter a otro yo; esta vez se trata de un yo asustadizo, impaciente e irritado.
Háblame, yo irritado; seduce las palabras de mi mente con tu sonrisa incompleta, juega con las otras tres niñas, asómate al balcón de tu miedo, cuenta historias a aquellos que nunca pusieron nombre a un peluche viejo y tuerto, convénceme de que las emociones existen y pueden enfadarse entre sí. Dime algo.
Ahora tú eres el yo irritado e impaciente. No necesito decirme nada, salvo que los peluches tuertos lloran por las noches.
Pero no quieren hacerlo. ¡Pero sí quieren!
Ahora lo tengo claro; un lapiz incorpóreo puede enfadarse con otro lapiz incorpóreo, pero el amor no puede enfadarse con el odio, es más, el amor y el odio hacen el amor día tras día, pero eso...eso nadie lo sabía.

¿Y qué queda?

Una niña se ha roto el vestido de canela, otra ha manchado su rostro fundido, y otra ha tirado aquel broche arrugado que un día le regaló un hombre sin sombrero.
Todas sonreían.

Y, bueno, había otra niña. Una niña que miraba con descaro a una pareja desnuda.
Ella no sonrió.


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