domingo, 20 de mayo de 2012
Despertó su fatalidad y no quiso marchar. Los gritos de aquella sonrisa perdida bofeteaban su mirada como si nunca hubiese estado perdida. La mano de su sexo agarró las faldas de la locura para pedir que tocara un ratito más. Sí, tan solo un ratito más.
(...)
Y ahora bien, atiendan de una vez.
Ella no tiene nada que entregar a nadie. Ella solo ama el amor efímero. Ella se desespera cuando los trapos de la conciencia de otros la observan. Ella nunca fue ella y a la vez nunca dejó de serlo. Ella no espera que las arrugas de un abrazo a destiempo la salven de nuevo. Ella...ella se cansa de verse reflejada en trozos de madera.
Pueden dejar de prestar atención, de veras.
(...)
Las sábanas de la felicidad volverán a arroparla. No todas las palabras vertidas en aquella bañera permanecieron más de tres minutos en su memoria. Los chillidos de su pestañeo nocturno le confirmaron lo que siempre había sospechado. El mechón intentó sobrevivir un rato más junto a su mejilla. Y...y nada más.
Bueno, miento.
Y tras dormir acariciándose a sí misma comprendió que era el momento de existir. Nadie, absolutamente nadie, existía tanto como ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario