Las gotas de su conciencia desataron los rostros descosidos de su alma. Salta por
palabras que en susurros se evaporan entre lágrimas mentoladas. Busca sonrisas fracturadas por tiempo que nunca existió más que en la
mente del tiempo. Bebe de su locura y observa caídas de ojos que no la miran.
Ojos que levantan la mirada para contemplar el camino abrazado por caricias y
besos distantes. Besos que nunca tocaron unos labios y caricias que nunca
rozaron la piel salpicada de deseo y temblor sudoroso. No lee los versos de su sonrisa para no
despertar a gritos a las manos que solo piensan en rodear su cintura incierta.
Ya no extiende en su sexo la pasión de su desconcierto. Pero aún puede entender los mensajes ocultos
de su cuello. Aún puede abrazar a las noches que le arropa desde la lejanía de
su miedo. Aún puede obligar a su cabello a girar despacio y burlón, de la mano
de una sonrisa de despedida, mientras agarra con un hilo la luna, dejándola
siempre atada a los pies de su cama, esperando que algún día, le ofrezca la
respuesta que tanto espera.
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